
El arbitro señalaba el final del partido y los futbolistas del Sevilla, como ya habían hecho Capel y Navas en la celebración de sus goles, señalaban al cielo. El sevillismo, y España entera, entendía el mensaje y Palop recogía el trofeo con la camiseta del añorado compañero, del mito.
En la Puerta de Jerez más de cuatro mil personas coreaban el nombre de Antonio Puerta, mientras ondeaban como un bello telón de fondo centenares de banderas rojas y blancas, porque la quinta Copa del Rey -entregada esta vez por el príncipe don Felipe-, se viene para Sevilla.
El partido que sirvió de digno colofón a la larga temporada futbolística respondió a las expectativas. El Atlético de Madrid y el Sevilla lo dieron todo, buscando la victoria, dejándose la piel, con un fútbol directo y ofreciendo un gran espectáculo. El tanto de Capel determinó el ritmo del juego y, aunque el Atlético creyó en el sueño del doblete durante mucho tiempo, el de Navas dictó sentencia a pocos minutos del final.
Toda España ganó en Cataluña, porque el Nou Camp fue testigo del comportamiento ejemplar de dos de las mejores aficiones del fútbol mundial. Enhorabuena.




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